Arcoiris
Acus iris: arcoiris.
Un día os conté que incluso el odio puede ser un sentimiento que nos salve de la cruel realidad que nos azota todos los días. ¿Os acordáis? Parece sorprendente que un sentimiento como este pueda beneficiarnos, ¿verdad? Bueno...
Siempre hay que encontrar
el lado bueno de las cosas
para sentirnos a gusto.
De esta manera, os contaré cómo descubrí este terrible sentimiento.
También he de confesar que solo lo he sentido una vez en la vida, y fue con alguien que ya no sigue conmigo. Porque murió. ¡Oh, vaya, odiaste a una persona que se murió! ¿No te da vergüenza?, diréis.
En realidad, se sacrificó.
Por mí.
Todo.
Lo hizo.
Por mí.
Se llamaba Arcoiris.
Nació el mismo día que yo y en el mismo hospital. Ojalá pudiera saber cuál fue la hora, porque estoy seguro de que ella habría nacido al mismo tiempo. Aunque, sin duda, puedo afirmar que hubiera dado igual.
Arcoiris y yo nos encontramos en las calles de mi corazón un día cualquiera. Me gustaría recordar cuál fue, pero supongo que nadie elige encontrarse con personas como ella a diario.
Era realmente hermosa, de eso no me cabe duda. Era tan guapa... que hasta hacía magia con sus dedos y bailaba en los pasillos de mi alma. Tenía ideas largas y un pelo de colores que caía como una catarata por su espalda. Y sobre su cabeza volaban hermosos pájaros alrededor de las estrellas que se sacaba de la manga.
... No sé por qué estoy hablando en pasado, como si hubiera dejado de serlo. Puede que ya no siga aquí conmigo, pero sigue siendo preciosa. En presente, aunque se haya ido.
Su única afición era pintar los pasillos de mi corazón con sus colores favoritos.
El primer día que la conocí decidió pintarlo inmediatamente de rojo
porque así podría amar
sin contemplaciones
a las personas.
Con el paso del tiempo me fui haciendo amigo de Arcoiris. Me daba cuenta de ello cuando me encontraba con esta magnífica persona por los pasillos y me contaba cosas realmente increíbles. Si el Principito hubiera nacido en mí por aquel entonces, estoy seguro de que no habría permitido que muriera de la manera en que se fue... Se habría convertido en su primer admirador, porque ella era (es y será) digna de admirar hasta el fin de los eones.
Fuimos inseparables. Teníamos gente pequeña en común, pero siempre éramos Arcoiris y yo, nadie podía ir a un lugar si el otro faltaba. Así, un día, contando nuestros secretos a las estrellas bajo las sábanas, pintó otro pasillo de color naranja
porque así podría
ser leal.
ser leal.
La encantaba pintarme a todas horas de cualquier color con tal de que aprendiera una lección. Siempre lo hacía por mí. Todo por mí. Como una moraleja. Una vez me dijo:
procura ser feliz,
o los monstruos lo serán por ti.
Siempre andaba con pintura en las manos, manchada de todos los colores con los que dibujaba en el aire, decoraba las nubes y vestía a las estrellas para sus días de gala. Dibujaba sonrisas a los días de plata y a la gente triste que estaba pobre de felicidad.
Por eso, preocupada de que siempre yo fuera feliz, se recorrió el pasillo más oscuro de mi interior y lo palpó de sus manos amarillas para que siempre sea feliz.
Pero, como ella dijo, los monstruos lo serían por mí si me descuidaba.
Y así fue.
Ten mucho cuidado de
encontrarte con un monstruo
en los pasillos de mi corazón
porque tienden a enamorarse
a primera vista.
Me enamoré de Oscuridad, una persona tan seductora que me atrapó al instante con solo mirarme. Me ofrecía cosas que Arcoiris no podría darme jamás, y fue reconfortante encontrar a alguien que ocupase ese hueco inexplicable que dejaba ella.
Oscuridad me contaba que Arcoiris era una persona malvada. Tóxica. Que estorbaba en la vida de todos y que lo mejor que podía hacer era morirse. Qué equivocado estaba yo, pero fui tan ciego que decidí creer aquellas palabras. Me arrepiento cada minuto, y ojalá pudiera cambiarlo algún día.
El último momento en que vi a Arcoiris, ella me pintó un último pasillo con sus lágrimas, que en ese momento (decolorada por la tristeza y la decepción) eran verdes, para que así no la olvidara nunca.
Con multitud de preguntas en la cabeza, me separé de ella después de muchos años juntos y con lágrimas que inundaron mi corazón. ¿Sabéis lo mejor? Que la pintura Arcoiris había dejado en las calles de mi corazón no se borró (ni se borrará) jamás.
-¿Por qué Arcoiris es mala? No hace daño a nadie... -quise saber.
-Porque sí -me respondió Oscuridad.
Confiado en que las cosas eran así, empecé a perseguir a Arcoiris por los pasillos y la maltraté sin razón alguna. Porque Oscuridad decía que aquello era lo correcto. Porque así irían mejor las cosas. Porque estaba bien.
Por favor, perdóname.
Escúchame llorar allí donde estés.
La odiaba con toda mi rabia, de la manera en que Oscuridad me había enseñado a odiar a personas como ella. Tan inocentes. Tan buenas...
Así es... cómo apareció por primera vez en mí el odio. Y puedo decir con certeza que no os gustaría su sabor por mucho que desearais probarlo. Picaba tanto el paladar que sentía fuego al tragar palabras de piedra que caían en picado y arañaban mi frágil alma, y es que no sabía por qué debía sentirlo. No encontraba razones lógicas.
Solo Oscuridad sabía convencerme:
-Personas como ella no merecen existir.
Y un día sucedió algo de lo que me avergüenzo todo los días.
A la que nació el mismo día que yo. En el mismo hospital. La que me acompañó durante muchos años, siendo inseparables y felices. Arcoiris, que pintó los pasillos de mi corazón de sus colores favoritos. Por mí. Para mí. Para amar. Para ser leal (¿dónde había quedado mi lealtad hacia ella?). Para ser feliz. Para no olvidar y recordarla (¿por qué no recordaba porque fue mi compañera durante años?). A ella... la pegué con todas mis fuerzas un día triste... porque Oscuridad me lo ordenó.
Aunque me duela rememorar lo que hice, más me hiere recordar que sus colores se marchitaron con cada golpe que propiciaba sin razón. Sin motivos. Porque así es como debían de ser las cosas.
Yo la quería. Era feliz con ella. ¡Era inocente! ¿Por qué hacía aquello?
Decidí parar. Frenar mis pensamiento y huir de un pasillo gris. Uno sin pintar. Dejé allí a Arcoiris malherida y corrí como un perro que esconde la cola: acobardado.
Y días despues,
murió.
La culpa hirió mi cabeza y mi corazón. Azotó los pasillos que ella había pintado con todo su cariño. Sobretodo el que impregnó de verde, el del recuerdo... porque me fue imposible olvidarla. Murió por mi culpa. Se sacrificó por mí.
Al final acabó siendo lo mismo:
todo lo hizo por mí.
No sabes cuánto te estoy agradecido, Arcoiris. Perdóname por haberme portado así contigo. Nunca podré perdonarme a mí mismo; por favor, hazlo tú por mí.
¿Y sabéis quién estuvo ahí?
Nadie.
Fuera estaban mis Ángeles Custodios, pero dentro solo reinaba la soledad. El vacío que habían dejado ella y sus pinturas.
Oscuridad se había ido. Ya no estaba. Ni nunca lo estuvo.
Oscuridad se había ido. Ya no estaba. Ni nunca lo estuvo.
Resulta que fue uno de los monstruos de los que Arcoiris me advirtió y que no supe ver. Consiguió ser feliz gracias a mí, mientras yo me odiaba por comportarme así con la chica que pintaba las calles de mi corazón y le daban la vida que se merecía. Una de verdad, y no de mentira. ¿Recordáis lo que me dijo? Procura ser feliz, o los monstruos lo serán por ti. Tenía razón, porque ¿quién fue feliz: Oscuridad o yo?
No obstante, Arcoiris supo lo que se avecinaba y preparó mi vida antes de morir. Por mí. Todo por mí. Como siempre.
Me dejó dos pequeñas pinturas. De sus dos colores favoritos.
El primero de ellos era el azúl, para que siempre sea libre.
El segundo fue el púrpura, para que siempre fuese yo mismo. Y nadie lo evite.
Con ellas logré terminar de pintar todos los rincones de mi corazón. Que no quedase ni un pasillo sin pintura. Que no faltase ella en cada esquina, porque para mí será inmortal.
Arcoiris nació conmigo el mismo día y en el mismo lugar que yo. Conmigo y en mi corazón. Alguien traicionero me convenció de que aquello no era correcto, pero ser uno mismo jamás estará mal.
Aceptarse es lo que está bien.
Lo logré, pequeña. Pude terminar de pintar mi corazón con tus (mis) colores favoritos, y nadie los borrará jamás. Logré ser yo gracias a ti. Espero encontrarte en el mar del recuerdo, traviesa, para que veas en lo que has conseguido convertirme: en mí mismo.
Esta vez, por ti.
Amor
Lealtad
Felicidad
Recuerdos
Libertad
Verdad
Lealtad
Felicidad
Recuerdos
Libertad
Verdad
-Principito.
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