El recuerdo

A veces lloro porque es necesario.
A veces lloro porque las cosas me salen mal y no puedo remediarlas.
A veces lloro porque han fragmentado mi corazón.


Porque me quedo encerrado 
en una habitación en llamas 
sin salida de emergencia.

Y cuando lo hago y no hay nadie, mis lágrimas son las únicas capaces de aliviar el dolor que sufre este pequeño príncipe, las únicas que me acarician el rostro y me dicen que todo irá bien, que me aconsejan y me calman. Las que apagan las llamas del desastre y me dejan escapar del dolor, llevándoselo con ellas.
Se cuelan en mis labios como bandidas y descubro que están frías, a causa del dolor que hay en mí. Son insulsas, suaves y están cargadas de recuerdos. Recuerdos que han muerto. Cuando una de ellas cae, ese beso, ese te quiero que me juraste y esos abrazos que me aliviaron escapan de mí y me dicen con agonía:

Adiós. Adiós,
pero recuérdame.

Finalmente, estallan en el suelo y el recuerdo se desvanece. Las llamas del dolor se apagan, pero el calor permanece.

El recuerdo muere en el recuerdo.
Pero siempre es recordado.
Es inmortal.

Es por eso por lo que la tristeza sabe a lágrimas, pero solo uno mismo conoce su verdadero sabor porque tú eres el único que sabe lo que has perdido en esas gotas de agua que viven encerradas en nuestros ojos y que ven todas las cosas bonitas de la vida, como la Belleza Imperfecta o el Chico de la Línea 11.

Estuve triste porque te fuiste.
Estuve triste porque sé que no te conoceré nunca.

Llorar está bien, nunca te avergüences de ello. Puedes hacerlo conmigo si te apetece, si no quieres estar solo o simplemente mereces a alguien que te entienda. ¿Estás llorando? No te preocupes, el Principito está contigo. Mira, el Niño Perdido ha venido con él.

¿Sabes una cosa? Puedes salvar tus lágrimas. No permitas que tus recuerdos mueran fríos en la acera sin nadie que los recuerde. Cógelas, vamos. Sálvalas del olvido, por favor. Se lo merecen.

Las lágrimas son muy valiosas
porque contienen tesoros escondidos.

¿Ya las tienes? Entonces recuerda por qué se fueron...
Ups, estamos recordando. Esos momentos que se fugaron muertos están regresando a nuestra mente y florecen de nuevo. Eh, ¡pero déjalos pasar! No vuelvas a asesinarlos. Ahora tu corazón ya sabe por qué te hieren y esta vez está preparado para que no vuelvan a escaparse de ti con dolor.
Míralos con alegría, observa lo torpe que fuiste en ese beso que le diste y ríete de ti mismo. Escucha la risa que te dedicó después del abrazo y piensa que ese te quiero que te dijo no fue jurado en vano porque decirlo ya es querer a una persona.
¿Estás mejor? Me alegro, porque ahora te has vuelto más fuerte y no te odias por llorar. ¿Por qué deberías? Es precioso ver cómo los recuerdos que antes nos hacían llorar brillan con la intensidad de la alegría. Acércate a esas lágrimas cuando lo necesites y déjalas en su esplendor. Brillan porque están vivas y saben que no van a morir. 
El Principito, como ya sabes, embotella todos los sabores de los sentimientos y, destrozado y herido, atrapó las lágrimas y las salvó de ser olvidadas. Así, me asomé a ellas y volví a recordar esos momentos que murieron en su día. 
¿Ves por qué el recuerdo es inmortal?


Ahora todas mis lágrimas brillan y no me entristezco cuando veo qué pasa en cada una de ellas porque sé que durante ese instante fui feliz besándote, abrazándote o riéndome. 
Contigo o sin ti. 
Pero fui feliz.

Y recuerda: nuestras lágrimas son recuerdos muertos que no merecen ser olvidados, sino recordados con nostalgia. Así que salva a tus lágrimas de la caída y observa qué hay en ellas para recordar el recuerdo y dejarlo brillar.

Por eso el recuerdo es inmortal
y siempre hay una salida de emergencia.


-Principito.

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