La Chica de Gala

Puella, -ae: chica.
Galla, -ae: gala.
Gallae Puella: La Chica de Gala.

Hace cerca de un año, tuve la oportunidad de visitar un lugar mágico. A mí me gusta llamarlo el País de los Panteones.
Donde las leyendas cobran sentido en su interior, la belleza camina desnuda entre la multitud de las calles y los terroríficos escenarios donde despeñaban a los traidores se vuelven hermosos. Pude subirme a lo alto de una cúpula para observar al Sol proteger a su pueblo y caminé por los ríos de la Ciudad Inundada, bailar bajo su lluvia y sobre sus charcos. También prometí al jabalí de bronce de la Ciudad de la Flor que volvería, y aún sigue en vigor esa promesa. Además, atravesé el puente que unía a dos magníficos pueblos enfrentados cuyos ángeles eran filósofos antiquísimos.
Fue un viaje que quedará grabado en mi mente para siempre. No solo por los espacios tan vivos que visité, sino por la gente a la que conocí gracias a ese maravilloso lugar. Y entre esas personas está la Chica de Gala.


Sin duda, fue el mayor regalo que me traje del País de los Panteones, porque sé que no encontraré a una persona igual que ella.

De tez pálida y ojos dulces con sabor a café, me acompañó a lo largo y ancho de los lugares mágicos que visitamos en el País. Me permitió conocerla y concedió al Principito el honor de reírse con ella y compartir aventuras de finales tristes, aunque al final fueran felices.
Tal vez sea porque nuestros corazones tienen colores en común, aunque sería un motivo muy vulgar. De lo que se trata es de que conocí a una persona increíble y con una bondad inmensa, tan grande que es imposible de calcular.

La Chica de Gala
no quiere con los ojos
sino con el corazón.

He tropezado con personas en las que puedo verme reflejado, pero nadie me ha devuelto la misma imagen: una imagen tan clara de mí. Ella siente lo mismo que yo, en el sentido de haber vivido las mismas tragedias y los mismos viajes como auténticos nómadas.

Tal vez sea muy torpe por tener la costumbre de tropezar con la misma piedra una y otra vez, pero de torpe es la persona más buena que he conocido por conceder infinitas oportunidades a la gente, a pesar de arañarse con el suelo por ello. Cae en la misma trampa porque no la gusta ser mala con las personas, aunque a veces lo merezcan. Eso lo que más me gusta de ella, y la envidio: el Principito puede ser muy benévolo, pero la Chica de Gala no tiene adjetivo mayor a ese porque no existe. Si fuera el caso, sería lo que más la definiera.


Ha sufrido mucho, y siento mucho no haber estado con ella por entonces.
Pero ahora sigo a su lado desde que la conocí y no me marcharé nunca porque (creo) nadie la entiende mejor que yo ni sabe cómo levantarla del suelo cuando la caída es grande. 
Incluso a veces no ha necesitado de un brazo que la ayude a ponerse en pie de nuevo porque ella es fuerte para sanarse sus propias heridas... por eso es la Chica de Gala. Haciendo justicia con su nombre. La viene como anillo al dedo, porque es verdad.

Tal vez no encuentre a otras personas que se hayan quedado en la misma habitación incendiada que yo, y que también haya salido con las quemaduras que todo osado recibe para curarse de las crueldades del mundo y de las caídas de los funámbulos. 
Nadie como ella sabe entenderme cuando digo que lo que siento es verdad, nunca pone nada en duda porque la Chica de Gala ha pasado (y sigue pasando) por lo mismo que yo. Hemos atravesado los mismo ríos colmados de caimanes y nos hemos salvado de sus dientes feroces; derrotamos a los demonios que nos rechazan por no tener el mismo corazón rojo que ellos con la cabeza bien alta.
La Chica de Gala sabe cuándo amo a alguien o cuánto he sufrido por otras personas porque se sabe todos mis patrones, mis mentiras y mis falsas sonrisas. Así, un día me enseñó su truco de magia. No lo hizo voluntariamente, y surgió sin que ella se diera cuenta. Lo guardo como un tesoro dentro del cofre de los sabores de los sentimientos, siendo el mayor truco final que jamás haya visto para sobrevivir al dolor y continuar tu aventura por los adoquines amarillos.


Ella cura sus heridas con fuego
y mira sus cicatrices como aventurera,
sabiendo a lo que sobrevivió
y a lo que sobrevivirá.


-Principito.

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