Ángeles Custodios
Angelus, -i: ángel.
Ianitor, ianitoris: custodio.
Ianitores Angeli: Ángeles Custodios.
En estos días grises de tormenta, cuando me cuesta bailar bajo la lluvia, solo mis Ángeles Custodios han sabido recordarme por qué el Principito se acobija en mi corazón. Son los que han recogido las lágrimas en mi lugar y quienes están volviendo a poner en marcha mi corazón. Tal vez ya haya hablado de alguno de ellos, o puede que tenga pensado hacerlo; pero, sin duda, merecen ser mencionados por haberme soportado mientras caía días atrás y hacen que vuelva a verlo todo con la misma claridad que los ojos de un niño.
Son Ángeles porque siempre están a mi alrededor, pendientes de mí.
Son Custodios porque están dispuestos a luchar la misma guerra a mi lado y a soportar mis días tristes como auténticos héroes y heroínas.
Ellos son mi mayor tesoro y no podría vivir sin ellos, ya que cada uno es un eslabón de las piezas de mi pecho y los únicos capaces de repararlo si falla o de regalarme un corazón nuevo si el daño es más grande, para que así pueda volver a amar sin sentir dolor o aprender a llorar por gusto.
El mundo no se acaba. Hay más piezas en el mundo que encajarán contigo (Pequeño Corazón).
Sabes que me tienes aquí para todo (La Chica Nerviosa).
Ellos son mi mayor tesoro y no podría vivir sin ellos, ya que cada uno es un eslabón de las piezas de mi pecho y los únicos capaces de repararlo si falla o de regalarme un corazón nuevo si el daño es más grande, para que así pueda volver a amar sin sentir dolor o aprender a llorar por gusto.
Queridos Ángeles Custodios:
gracias por arreglar los anclajes de la mecánica de mi corazón.
gracias por arreglar los anclajes de la mecánica de mi corazón.
El mundo no se acaba. Hay más piezas en el mundo que encajarán contigo (Pequeño Corazón).
El amor no va a aparecer de repente, pero tienes que conseguir controlar ese corazón. A veces estará cansado; otras, herido; otras querrá dejar de latir, pero el corazón es lo que te mueve y por eso sigue, e igual que sigue él, tienes que seguir tú. Compáralo con un caballo: tienes que saber manejarlo, si no, se desboca.
Si de verdad quieres a una persona, te matas para que siga a tu lado (La Chica de la Coleta Despeinada). Así mismo, ella me escribió una carta que guardaré como un tesoro en mi corazón:
"Y entonces una pequeña lágrima recorrió la mejilla del Principito; tan cristalina era que a través de ella cualquiera podía observar el dolor que contenía. De repente, un tono grisáceo y desolador se instaló en el cielo de aquel planeta perdido, y desde cualquier otra dimensión se apreciaba cómo todos los demás de su universo se contagiaban de aquella sensación. Tanto era así, que el más heroico de los Niños Perdidos decidió emprender un viaje hasta lograr aterrizar en el corazón de aquello que desprendía tal luz oscurecida.
-¿Dónde está el problemá? -preguntó Peter Pan al llegar.
-En aquel que, de tanto ver con el corazón, se está quedando ciego -respondió una brisa sonora.
Siguió caminando y encontró al pequeño Principito con miles de gotas de agua marina reflejadas en su rostro.
-Lo sé -comentó él-. Todas y cada una de las sombras que se han dispersado son culpa mía, pero no puedo evitar que salgan de mi interior.
A continuación, la inocencia de Pan le abrazó sin ninguna dilación.
-Tan ciego estás que no te has dado cuenta de que cada una de tus maravillosas lágrimas reflejan aquel dolor de tu corazón -cuando una cayó al suelo, diez rosas más habían florecido.
Diez, cienci, mil, cienmil rosas bañaban entonces el terreno que sus lágrimas habían ido humedeciendo.
Sin embargo, no cesó de llorar hasta que apartándose su bufanda dejó ver una espina que, desdichadamente, había terminado en su corazón.
Con la misma delicadeza con la que una mariposa deja de ser gusano y alza sus coloridas alas por primera vez al mundo, aquel amigo que nunca crecería consiguió sacar aquella punzada que el Principito había recibido.
-Gracias. No volveré a acercarme a ninguna de esas maravillosas damas de la vida para no volver a clavarme ninguna de sus espinas -añadió él.
-Sigues igual de ciego -advirtió el Niño Perdido-. Tanta belleza desprenden las rosas que te sería imposible dejar de observarlas.
Lo que el Principito desconocía era que algún día encontraría una rosa tan hermosa que al clavarse sus espinas, tal dolor no aparecería. Solo entonces, podría dejar de observar a las demás rosas para quedarse con aquella que consiguiera llenarle el alma de luz.
No tengas prisa en encontrar tu rosa ni desistas con cada espina que te claves y al final encontrarás aquello que siempre quisiste".
Pero aquí estamos nosotras para reír, para romper cosas, para llorar o para irnos a buscar la felicidad. Contigo (Vendedora de Felicidad).
Sabes que me tienes aquí para todo (La Chica Nerviosa).
Tus ojos son más bonitos cuando lloras. Se vuelven más verdes..., o azules, siempre tenemos ese dilema (Mi Primera Dama).
Se llora con reloj en la mano (Pequeño León Herido).
Ahora es normal que estés mal por su pérdida, pero tienes que ir saliendo adelante y asumiéndolo.
Las heridas se cosen
con las agujas del reloj.
Gracias por este gran consejo.
Gracias por soportar mi caída.
Y gracias a ti, también, aunque no seas un Ángel Custodio:
Y gracias a ti, también, aunque no seas un Ángel Custodio:
¡Madre mía! ¡Pero qué bien cuidado está este chico! (El Chico que Pasó por el Pasillo en el Momento Apropiado). Gracias por sacarme la primera sonrisa en la tormenta. Y gracias también por dedicarme una tuya, es tan preciosa como tú.
Supongo que no puedo estaros tan agradecido, y nunca sabré compensaros como os merecéis. Imagino que no será fácil ver por primera vez llorar al Principito con el corazón roto, así que os pido perdón. Pero también se me llena la boca de decir que soy muy afortunado de teneros. Y gracias.
-Principito.
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