Leoncito
Parvus, -a, -um: pequeño, diminuto.
Leo, leonis: león.
Parvus Leo: Pequeño León. Leoncito.
Leo, leonis: león.
Parvus Leo: Pequeño León. Leoncito.
Lo conocí en mi época favorita del año: invierno. Cuando el frío congela los momentos y los retiene en nuestra cabeza. Pero, sin embargo, el tiempo se resiste a sus gélidos encantos.
Me llamó la atención durante un tiempo. No sabía quién era ni de dónde provenía; tan solo estaba seguro de que había algo en él que derrotaba mi fortaleza. Y Mi Primera Dama lo sabe. Sabe que, sin conocerle, andaba en mis pensamientos de una manera muy maleducada: llegaba sin permiso y se marchaba sin avisar.
-Acércate a él -decía ella.
-Es superior a mis fuerzas.
Aquella rendición tan pobre enfureció tanto a Peter Pan que, con las manos temblando, decidió hablar con él. Pero fue al instante cuando pensó que había sido una estupidez. Un error. Yo pensaba que me ignoraría, que era algo inalcanzable. Pero, por sorpresa, ocurrió justo lo contrario: me abrió amablemente la puerta y me dio el honor de conocerle.
Por entonces no sabía que me estaba invitando a pasar a un mundo desconocido para mí. Donde eres feliz solo si quieres que así sea.
La primera vez que lo abracé noté algo en mi interior que me erizó el vello. Nunca había tenido esa sensación de cariño y ternura, ni tampoco la había visto encerrada en una sola persona. Fue asombroso cuando me colé por primera vez en sus ojos, del color del chocolate. O de café. Hay una gran disputa. Pero de lo que estoy seguro es de que albergan un gran corazón.
Viví mucho junto a él en tan poco tiempo.
Conocí lo que era querer a una persona de la manera en que lo hice. Siempre me pregunté cómo sería aquello: qué se sentía cuando estabas al lado de esa persona y saber que la querías.
Fue maravilloso compartir con él Debod. Descubrir el Retiro por la noche. Viajar hasta donde estoy solo para estar conmigo. Era asombroso. Aquel mundo me encantaba y no quería salir jamás.
Pasar el tiempo a tu lado
era el mayor regalo que podías hacerme.
Pero ¿recordáis el País de las Maravillas?
Bien, pues este lugar también tenía su oscuridad.
Todo se derrumbó cuando necesitó un respiro en todo aquello. Y, sencillamente, se marchó. Llevándose consigo mi corazón. Me había dejado vacío. Sentía la carencia de algo en mi vida; aquel mundo al que me llevó se había vuelto solitario y desierto. Tan solo me acompañaba un duro sufrimiento.
Pero, como prometió, volvió con los días puestos en los talones. Eso me sorprendió enormemente. ¿Quién regresaría por alguien como yo?
Durante esos días plasmé un relato en este diario que nunca llegó a ver la luz. Era sobre ti. Sobre mí. A cerca de nosotros, de cuánto te quería y lo mucho que te añoraba. Lo he llamado La historia que nunca quise contarte. Fue escrita con gran dolor y con mucha osadía de admitir lo que más me aterraba: que te habías marchado. Y pensar que no volverías nunca. Que se había acabado nuestra historia. Era una profunda y terrible agonía.
Pero al final regresaste.
Así, no te has vuelto a marchar desde entonces y aún sigues aquí. Ocho meses después.
Ocho meses que me han servido para conocerte más a fondo. Para conocer la persona tan maravillosa que eres y lo mucho que me aportas y me importas. Hay muchos recuerdos grabados en mi cabeza, y entre ellos estás tú. Alguien tan especial.
Todo este tiempo. Cumpliendo tu promesa de no irte. Sabiendo sin lugar a dudas que me quieres. Eres merecedor de todas las cosas bonitas del mundo, de fortuna... y aplausos. No permitiré que nada se interponga en tu camino, verte llorar o sentirte triste. Porque cualquiera de estas cosas sería una injusticia para ti; te mereces maravillas.
Eres alguien especial en mi vida. Un Ángel Custodio. Inocente de todas las cosas.
Leoncito. Por esos abrazos tan inmensos.
Me siento muy afortunado de estar contigo, de que formes parte de mí. Eres alguien sorprendente. Me asombras cada día más.
Te quiero. Constantemente. Muchísimo.
Aunque eso ya lo sabes.
Por ti. Por mí. Por nosotros.
Y brindo...
-Principito.
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