La historia que nunca quise contarte

Lacrimatur: se llora.
Horologium, -ii: reloj.
Manus, -us: mano.
Horologio in manu lacrimatur: Se llora con reloj en la mano.

Supongo que a veces no podemos escapar del tiempo cuando éste nos persigue. Imagino que corre tras nosotros, pisándonos los talones y gritando lo que pasará; es curioso para una persona que no cree en el destino saber qué ocurrirá con el paso del tiempo. Tener la certeza, sin tener impresiones, de que el tiempo acabará por mostrarte lo que no quieres ver pero que sabes que pasará.

Hume decía que no existe la causalidad, que no existe ninguna relación entre causa y efecto porque no tenemos impresiones de lo que ocurrirá tras la causa. Según él, el problema es que el hombre está acostumbrado a ver reiteradas veces el mismo efecto tras la misma causa. Será eso lo que le ha pasado al Principito, ¿verdad?
Sin tener impresiones del efecto, pero conociendo la causa tras casos anteriores, supo lo que acabaría ocurriendo, a pesar de que (según esta filosofía) no tuviera ninguna relación aparente. Pero acaba pasando...

Llega un momento en que la verdad nos acaba espantando incluso cuando conocemos todas sus letras y relatos. Nadie pregunta si nos gusta o si queremos cambiarla, simplemente ocurre y no se puede evitar. 
A veces son agradables; otras, dolorosas.

Supe a lo que me arriesgaba cuando me dejaste pasar. Era consciente de que, tal vez, recibiera un martillazo en mi corazón de cristal, contento de haber encontrado a otra persona en mi sendero. De no estar solo. Así que llegas tú y rompes todos los esquemas, contra todo pronóstico de jurar no correr para amarte. Pero no se puede guiar al corazón, él camina por su cuenta y sin escuchar a la cabeza.
-No corras. Acabarás cayendo -le dijo.
-No puedo evitarlo -respondió.

De tez de caramelo y ojos dulces de chocolate, decidí ser el osado que se atrevió a hundirse en los volcanes de tus ojos sin un bote salvavidas, sin mochila de viajero y calzado con mis botas de aventurero. Sin viaje de vuelta y disipando mis huellas para no encontrar el camino por el laberinto de tu iris y perderme para siempre en tu mirada.
Sabías cómo cazarme. Incluso siendo tú el ratón, eras quien tenía la capacidad de atrapar al gato con solo sonreírme. Con un solo beso o cantándome una nana como Con Las Ganas y hacer que me quedara en la aduana del sueño sobre tu hombro. Caminando sobre mis adoquines dorados de mis ojos verdes azulados con sendas doradas que tanto envidiabas. Cuando decías que tenías frío y yo te abrazaba (aunque fuera una excusa para estar juntos y mirarte a los ojos más cerca, para besarte de nuevo y susurrarle a la luna que te quiero) y escuchaba el latido de tu corazón, porque tú eres más alto que yo. El momento en que me despertaba todas las mañanas y encontraba tus alegres ¡Buenos días! navegando a mi mente y que me volvían feliz para todo el día. ¿Dónde quedará eso ahora, verdad?
Ya solo encuentro vacío en cada paso que doy. Me faltas. Nada me incentiva a levantarme por las mañanas si sé que no estás esperándome, si ya no va a ser lo mismo de siempre...; pero el corazón no elige lo que siente ni cuándo quiere hacerlo, así que no te culpo. Tú, pequeño, no eres el responsable.
A veces las personas necesitan deshacerse del mundo y esconderse en la madriguera del conejo blanco que acompañó a Alicia al País de las Maravillas para reestructurar la mente. Entonces ha llegado tu momento, y yo no te acompaño. 
Duele, maldita sea. Lo sé. Sé que me querías, pero también que debes hacerlo. 
Mi corazón también te quería con todas mis ganas (y aún lo hace), que nunca se te olvide. ¿Sabes por qué?

Porque yo no era nadie
y tú me hiciste sentir alguien.

Recordaré los te quiero que me juraste, y jamás dudaré de ellos porque yo también te sigo queriendo de la misma manera que el primer día, y lo seguiré haciendo para decir, con la boca llena de orgullo, que tú fuiste el primer chico que me hizo sentir diferente. Al que quise con todo mi ser y el que firmó en mi corazón para la Historia. ¿El primero del que me enamoré? Aún no lo sé... ojalá fuera así, ¿verdad? Después de tantas sonrisas, tantos besos, tantos relatos y tantas palabras bonitas... tener el honor de enamorarme de ti.


Que triste es
ver partir a la persona que amas
y no saber si volverá.

Decirle adiós cuando no quieres que se vaya. 
Tener la mirada perdida en el vacío sin saber adónde mirar porque ya no estás.
Paulo Cohelo dijo: el sabio es sabio porque ama. El loco es loco porque piensa que puede entender el amor.
¿Y yo qué soy, entonces?

La tristeza duele, y es que cuando el dolor es por dentro, éste es más fuerte.



Esto funciona así. El amor y el corazón están constituidos a la vez de la siguiente manera. La persona que lo escribió no se equivocaba, aunque fuera un loco por discrepar con Cohelo. 


Ya no hay nadie en mi Baile de Ensueño. La calle se ha vuelto más desierta que antes y no me apetece bailar bajo la lluvia si Él no va a venir a escuchar al pianista conmigo. No suena nada en el puente, pues el pianista también se ha marchado. El cielo está nublado para ver las puestas de sol, y de ser así, las vería solo porque no hay nadie que me acompañe en el Baile. 
Me faltas tú, pequeño Príncipe.

Dices que no te vas a ir, que vas a seguir ahí. Pero no te encuentro... 


Ni si quiera me apetece bailar bajo la lluvia. Prefiero sentarme en la acera y esperar a que pase la tormenta, y si no, ahogarme en ella. Así nadie sabrá que estoy llorando.
 Quedarme quieto, sin ganas de intentar arreglar el día. 
Esa dulce sensación de saber que me esperabas ha desaparecido y ahora lo sustituye un hueco negro que ocupaste tú en mi corazón, roto por saber que ya no estás. 

Madrid nos amaba por recorrer sus calles. Con diez dedos que enlazaban a perfección entre nosotros y el cariño en nuestros ojos. Cuando la noche se vestía y llegaba el momento en que te abrazaba como te prometí y te besaba con todo mi deseo, me recostaba en tu corazón, escuchaba su melodía y te decía que te quería. Y te sigo queriendo.
Ahora solo hay cinco dedos flotando esperando unirse a los tuyos. Están solos, sin tu presencia, temblando por volver a ser diez y seguir caminando como antes. Te quiero.
Eres la resaca de mis pensamientos, la respuesta a mis insomnios, el autor de mis lágrimas que te echan de menos y el dueño de los fragmentos de mi corazón. Simplemente porque te quiero, y no me cansaré de decirlo. Si me apetece, lo diré: te quiero. 

Te quiero. 

Te quiero.

Te qu...




Supongo que estas lágrimas vendrán de mi corazón, de lo que siento por ti. Así que es el mejor tesoro que puedo quedarme de nosotros: saber con certeza que te quise, porque de ahí vienen mis lágrimas. Si lloro por amarte, mis lágrimas son el galardón por conocerte.


Supe que de verdad te quería con cada minuto que pasaba.
-Te quiero -te confesaba con el corazón en la boca.
-Yo te quiero más -respondías.
-If you say so...


Mi corazón llevaba tu nombre, te pertenecía a ti.

No puedo sonreír si sé que no me estás esperando.


No puedo volver a ser yo sin ti.


-No quiero irme.
-No quiero que te vayas.
Esas despedidas tan odiosas que quedarán grabadas a fuego en mi mente. Las esperas y la cuenta atrás que estudiaba todos los días para volver a caminar sobre tus ojos y descubrir tus labios de nuevo... Ahora ya no están. Solo queda el recuerdo de saber lo que sentía por ti, reflejado en mis lágrimas que, sin duda, salvaré para que esta historia no se pierda en el olvido. 
Nuestros momentos acuden a mi mente y me destrozan por dentro. Tú. Tu imagen, tu sonrisa, el camino de tus ojos, tus canciones, tus relatos, tu voz y tu risa, tus miradas, tu tacto... tus besos, tus abrazos.
Tu cariño.
Ya no tengo nada de eso y siento cómo se me desgarra el alma, llorando en mi interior con heridas de guerra, cortes que sangran por los cristales de los que nadie escapa.
El Principito ha sido herido y la sangre no para de escaparse. Espero a que vengas tú a sanarme, pero ya no quieres rescatarme del dolor. Ya no quiero despertarme si sé que no vas a estar ahí, ni tampoco esperar si tengo la certeza de que no voy a volver a verte después de la cuenta atrás. Si sé que cuando acabe no vas a estar ahí, esperándome con las mismas ganas que yo a ti.

Ya no estás conmigo.



Solo escucho el eco de mi voz. No sigues ahí para recoger estas dos palabras (te quiero) porque te has ido. Ya no volveré a verte reflejado en mis pupilas porque se han apagado, y sé que cuando vuelvan a encenderse no te hallaré en ellas, de la misma manera que el explorador sabe que en esa cueva no va a encontrar su tesoro. 

Ahora no volveré a encontrarte nunca más.

Con un te quiero muerto en mis labios y sin la esperanza de que vuelvas y me digas:

Yo te quiero más.

Si echarte de menos sabiendo que te volvería a ver era imposible de soportar, 
echarte de menos sabiendo que no estarás es un mal trago de lágrimas cargadas de añoranza. 


Queridos Ángeles Custodios: 
gracias por arreglar los anclajes de la mecánica de mi corazón.

El mundo no se acaba (Pequeño Corazón).


El amor no va a aparecer de repente, pero tienes que conseguir controlar ese corazón. A veces estará cansado; otras, herido; otras querrá dejar de latir, pero el corazón es lo que te mueve y por eso sigue, e igual que sigue él, tienes que seguir tú. Compáralo con un caballo: tienes que saber manejarlo, si no, se desboca.
Si de verdad quieres a una persona, te matas para que siga a tu lado (La Chica de la Coleta Despeinada). Así mismo, ella me escribió una carta que guardaré como un tesoro en mi corazón:


"Y entonces una pequeña lágrima recorrió la mejilla del Principito; tan cristalina era que a través de ella cualquiera podía observar el dolor que contenía. 
De repente, un tono grisáceo y desolador se instaló en el cielo de aquel planeta perdido, y desde cualquier otra dimensión se apreciaba cómo todos los demás de su universo se contagiaban de aquella sensación. Tanto era así, que el más heroico de los Niños Perdidos decidió emprender un viaje hasta lograr aterrizar en el corazón de aquello que desprendía tal luz oscurecida.
-¿Dónde está el problemá? -preguntó Peter Pan al llegar.
-En aquel que, de tanto ver con el corazón, se está quedando ciego -respondió una brisa sonora.
Siguió caminando y encontró al pequeño Principito con miles de gotas de agua marina reflejadas en su rostro.
-Lo sé -comentó él-. Todas y cada una de las sombras que se han dispersado son culpa mía, pero no puedo evitar que salgan de mi interior.
A continuación, la inocencia de Pan le abrazó sin ninguna dilación.
-Tan ciego estás que no te has dado cuenta de que cada una de tus maravillosas lágrimas reflejan aquel dolor de tu corazón -cuando una cayó al suelo, diez rosas más habían florecido.
Diez, cienci, mil, cienmil rosas bañaban entonces el terreno que sus lágrimas habían ido humedeciendo.
Sin embargo, no cesó de llorar hasta que apartándose su bufanda dejó ver una espina que, desdichadamente, había terminado en su corazón.
Con la misma delicadeza con la que una mariposa deja de ser gusano y alza sus coloridas alas por primera vez al mundo, aquel amigo que nunca crecería consiguió sacar aquella punzada que el Principito había recibido.
-Gracias. No volveré a acercarme a ninguna de esas maravillosas damas de la vida para no volver a clavarme ninguna de sus espinas -añadió él.
-Sigues igual de ciego -advirtió el Niño Perdido-. Tanta belleza desprenden las rosas que te sería imposible dejar de observarlas.
Lo que el Principito desconocía era que algún día encontraría una rosa tan hermosa que al clavarse sus espinas, tal dolor no aparecería. Solo entonces, podría dejar de observar a las demás rosas para quedarse con aquella que consiguiera llenarle el alma de luz. 
No tengas prisa en encontrar tu rosa ni desistas con cada espina que te claves y al final encontrarás aquello que siempre quisiste". 
Pero aquí estamos nosotras para reír, para romper cosas, para llorar o para irnos a buscar la felicidad (Vendedora de Felicidad).

Tus ojos son más bonitos cuando lloras. Se vuelven más verdes..., o azules, siempre tenemos ese dilema (Mi Primera Dama).

Se llora con reloj en la mano (Pequeño León Herido).
Ahora es normal que estés mal por su pérdida, pero tienes que ir saliendo adelante y asumiéndolo.


Las heridas se cosen
con las agujas del reloj.

Gracias por este gran consejo.
Gracias por soportar mi caída.
Y gracias a ti, también, aunque no seas un Ángel Custodio:

¡Madre mía! ¡Pero qué bien cuidado está este chico! (El Chico que Pasó por el Pasillo en el Momento Apropiado). Gracias por sacarme la primera sonrisa en la tormenta. Y gracias también por dedicarme una tuya; es preciosa.

Supongo que no puedo estaros tan agradecido, y nunca sabré compensaros como os merecéis. Imagino que no será fácil ver por primera vez llorar al Principito con el corazón roto, así que os pido perdón. Pero también se me llena la boca de decir que soy muy afortunado de teneros. Y gracias.

...

Hay un vacío de hablar contigo.
Hay un vacío de tu presencia.
Hay un vacío de las canciones que me cantabas al oído.
Hay un vacío de verte.
Hay un vacío de besarte.
Hay un vacío de abrazarte.
Hay un vacío de amarte.

Ya no llenas ninguno de ellos...


Me faltas...
Me sigues faltando...

Zahara dijo: me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos. Quiero que sepas que yo no. No voy a morirme de ganas de decirlo: te voy a echar de menos. Te voy a seguir queriendo, porque has dejado una cicatriz que será un orgullo para mí mostrarla y un recordatorio de uno de los mejores tiempos que habré pasado, sabiendo que tú estás tras ellos. Voy a añorarte siempre, sin cansarme de ello, abrazando mi corazón como si siguieras aquí.


Aquí tienes mi pedacito, y espero que lo guardes como yo ordeno mis recuerdos a tu lado y los días vividos. 
Se me empapa el corazón y la boca de las mismas palabras: te quiero.
Imagino que solo quedará esconderme detrás de la máscara de mis recuerdos contigo, ser irreconocible al no haberme sentido nunca así. ¿Recuerdas, pequeño, lo que nos dijo nuestro gran amado V?


"-¿Quién eres tú? -preguntó Evey. 
-Quién... Quién es solamente la forma de la función qué, y ¿qué soy? Un hombre con una máscara. 
-Sí, eso ya lo veo -recalcó ella. 
-Naturalmente. No me cuestiono tu capacidad de observación, simplemente señalo lo paradójico que es preguntarle a un hombre con una máscara quién es". 


Te aseguro que escribiré nuestra historia en mi mente con los mejores recuerdos que tengo de nosotros, sin capítulos ni finales tristes. Lo haré con todo el cariño que me queda y escribiendo las páginas de mi memoria con sangre si hace falta. Seré feliz por ti, porque te quiero. No te olvidaré nunca, y te echaré de menos cada minuto que pase.
Te recordaré como El Príncipe.
El Príncipe del Principito.

Te quiere con todo su corazón,


-Principito.

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