La costumbre de agradecer nuestros errores
Hace mucho tiempo, pensé que los errores que cometemos merecían ser olvidados. Recordarlos como algo vergonzoso e intentar bloquearlos en nuestra cabeza. Tal vez por miedo. Tal vez por dolor... O para no volver a cometerlo.
Sin embargo, según pasó el tiempo me dí cuenta de que aquello era imposible.
Un error, generalmente, no se comete intencionadamente. Suelen ser accidentes, actos imprevistos y poco planeados. Con ello, se desencadena una serie de auras negativas que nos afectan, y de esa manera es cómo se graba a fuego en nuestra mente y con sangre en nuestro corazón. Por eso nunca podremos olvidarlos. Ni el propio error ni lo que supuso para nosotros.
Y es ahí donde esta la clave: en lo que vino después. En lo que supuso en nuestra vida errar.
Muchas veces, nuestro camino se ve obstaculizado y nos quedamos paralizados por temor a empeorar las cosas. A caernos y herirnos con las espinas de las rosas.
Ellas.
Tan hermosas
como asesinas.
Siempre acabamos escogiendo el camino más llano, aquel que tenga menos peligro y donde no podamos cometer errores. Ser perfectos en nuestro camino. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que eso no existe? La perfección es una utopía. Jamás nadie podrá alcanzarla. Tampoco se puede oler. Ni ver, ni tampoco tocar. Ni si quiera sentir...
¿Y sabes qué?
Tal vez, tomar el camino más difícil sea el único que nos ofrezca más beneficios. Una mayor recompensa. Algo que, de saberlo, estaríamos dispuestos a pasar por todo ello. Preparados para errar, caer, herirnos y sanar.
Tampoco debemos de olvidar que de los errores se aprende. Es lo que siempre dicen, pero muy pocas veces conseguimos retener esa filosofía en nuestra cabeza. Errar por primera vez en una acción está bien. Dos veces, no, y acabaríamos con todo nuestro trabajo.
Si vas a cometer algún error,
asegúrate de que sea nuevo.
No vengo a hablaros de que erréis constantemente. O de que aprendáis de ellos. Todo esto ya nos lo han contado muchas veces, pero nadie nos ha hecho ver lo que nos ha supuesto.
¿Sufrir? Sí, eso seguro. Sin ninguna duda, desde luego. Pero dime: ¿y si no hubiera pasado?
Esta es la Teoría de los Puntos de Steve Jobs.
De haberlo tenido más fácil, de no habernos equivocado, no habríamos logrado algunas cosas que ahora son imprescindibles en nuestra vida, metas que hemos logrado y nuevos propósitos. Se trata de efectos colaterales que no habrían surgido de no haber errado. Con intención o sin ella, eso no importa. Lo que importa es que equivocarnos está bien, porque siempre, después de cada fallo, vendrá algo que agradeceremos enormemente y que, paradójicamente, no habría aparecido de otra manera que no fuera errar en nuestra vida o de haber tomado otra decisión.
Por eso no debemos mirarlos como algo repugnante porque gracias a ellos, en su inmensa mayoría y a pesar de haber sufrido, hemos conocido a nuevas personas que ahora son importantes para nosotros. Hemos aprendido nuevas filosofías, a pensar de una manera diferente, a formarnos como personas o a lograr algo que pensábamos que no sucedería.
En su discurso, Job dijo:
"No se pueden unir los distintos puntos mirando hacia adelante; se pueden unir únicamente mirando hacia atrás. Así que debéis confiar que, de alguna manera, los puntos se unirán en el futuro."
Después de esto, eché la vista atrás y me di cuenta de las cosas que había logrado gracias a mis malas acciones. Cosas que, de no haber fallado, no tendría ahora.
El Chico de los Ojos Oscuros. ¿De qué otra manera podría haber pasado? Dudo mucho que hubiera ocurrido si no me hubiese tropezado con la Belleza Imperfecta, a quien no conocería de no haber hablado con Mi Mismo Nombre tiempo atrás.
Gracias a él, aprendí que se puede estar bien solo. Y además, conocí a la Belleza Imperfecta. Su paso por mi vida fue muy efímero, pero no podré olvidarlo: por la ilusión que explotó en mi boca y porque, en base a él, conocí al Chico de los Ojos Oscuros. Él también me hizo daño, tal vez más que ningún otro, y precisamente por eso ahora tengo el mayor tesoro, que comparto con él. ¿Qué habría sucedido si Mi Primera Dama no me hubiera presentado a Mi Mismo Nombre? Como conclusión, pasando por todos los cristales rotos, no habría aprendido a ser autónomo anímicamente y el Chico de los Ojos Oscuros no sería parte de mi vida, algo que no me permito pensar.
¿Mereció la pena? ... Desde luego que sí. No me arrepiento.
Así que... puede que haya sido un error sufrir por el Chico de los Ojos Oscuros (pero no conocerlo). Sin embargo..., no me preocupo por ello porque sé que vendrá algo mejor gracias a ello. Gracias a sufrir por él. Y, desde luego, se verá recompensado.
Tal vez vuelva a equivocarme. Tal vez no. Pero, en cualquier caso, no tengo ningún miedo, porque sé que al equivocarme estoy abriendo una nueva puerta a nuevas oportunidades.
El error es la llave maestra de la vida.
Debemos amar nuestros errores, no arrepentirnos de ellos.
Dar gracias de que hubieran sucedido.
Porque equivocarse está bien.
Después de cada error se consiguen grandes logros.
...
Que no te dé miedo tomar la decisión errónea.
Que te rompan el corazón.
¿No era el camino más oscuro el único que llevaba hacia el País de Oz?
-Principito.
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