La Belleza Imperfecta
Pulchritudo, pulchritudinis: belleza, hermosura.
Imperfectus, -a, -um: imperfecto, imperfecta.
Pulchritudo Imperfecta: La Belleza Imperfecta.
La Belleza Imperfecta no es precisamente una persona que hubiera marcado mi vida. Pero, no obstante, ayudó a formar la persona que soy hoy en día. A pesar de los efectos colaterales que tuvo haberle conocido, no sería justo decir que no significó nada para mí. Me hizo crecer; aprendí cosas de él y otras que, a la larga, me servirían para sobrevivir a este cruel mundo.
Imperfectus, -a, -um: imperfecto, imperfecta.
Pulchritudo Imperfecta: La Belleza Imperfecta.
La Belleza Imperfecta no es precisamente una persona que hubiera marcado mi vida. Pero, no obstante, ayudó a formar la persona que soy hoy en día. A pesar de los efectos colaterales que tuvo haberle conocido, no sería justo decir que no significó nada para mí. Me hizo crecer; aprendí cosas de él y otras que, a la larga, me servirían para sobrevivir a este cruel mundo.
De aquella manera, fui haciéndome más fuerte y viendo las cosas de otro modo. Tampoco vayáis a creer que me enamoré de él. No, no tuve tiempo ni la oportunidad de hacerlo, pero sí que consiguió atravesar los ríos y las murallas que protegían a mi ser.
Incluso los corazones más fuertes
se derrumban con la mirada correcta.
La Belleza Imperfecta apareció por casualidad en el mismo sendero que yo.
-Vaya, qué sorpresa.
-¡Otro Niño Perdido! -exclamó Peter Pan, radiante de felicidad.
-Vaya, qué sorpresa.
-¡Otro Niño Perdido! -exclamó Peter Pan, radiante de felicidad.
Recuerdo que la primera vez que nos vimos los nervios eran los que movían mi cuerpo con invisibles hilos. Fue una tarde de otoño, de esas en las que el frío te abraza el cuerpo y no te sientes solo. Las mismas que iluminan las calles de Madrid con su luna luminiscente y lo hace todo más hermoso, con gente recorriendo Gran Vía y calles cargadas de dulces "te quiero" que explotaban en el aire.
Su pelo era negro y profundo como para que mis dedos pudieran hundirse en él. De tez morena y perlas marrones que se tropezaban con la esmeralda azulada descaradamente, labios aparentemente suaves y paso delicado. Como fue algo casual, él también estaba nervioso y caminaba rizándose un discreto rizo a la altura de la nuca y temía mantener la mirada. Podéis imaginaros a una persona corriente y moliente, pero no es así; además, no hay palabras que le hagan justicia. No era perfecto, pero sí la persona más bella que he visto hasta ahora; por eso, él es La Belleza Imperfecta.
La tarde fue maravillosa, he de admitir. Aprendimos cosas el uno de otro y conocimos mejor su historia y de por qué estábamos allí. Transcurrió como si el tiempo se hubiese detenido a nuestro alrededor, en Plaza de España, pero a la vez corría tan rápido como podía. Era estupendo. Así, el Principito se levantó de su silla cuando el sol se ocultó por completo y ya solo quedaban la noche y ellos; Plaza de España se había puesto su vestido de lentejuelas y empezaba a apagarse.
El momento que llevaba esperando hasta entonces llegó cuando Peter Pan, que no sabía lo que era un beso, inclinó mi cuerpo hacia él y selló su mejilla (fría y suave a la vez) con mis labios. Tal vez, como no quería crecer, temió acariciarle aún los labios. El otoño fue testigo de aquello, incluso tal vez llegó a llorar, pues las estrellas empezaban a ponerse.
-¡Pero eso no es un beso!
El Principito arrebató a Pan el control de mi cuerpo y guió mis labios hacia los suyos, depositando en ellos cariño y ternura, estudiando sus comisuras con cada beso y bebiendo de él. El Niño Perdido y el Principito saltaron de ilusión en mi interior, pude notarlo cuando mi cuerpo se estremecía; desde entonces, cada vez que este sentimiento me invade recuerdo el sabor de sus labios. ¿Y sabéis qué? Sabían a azúcar.
El momento que llevaba esperando hasta entonces llegó cuando Peter Pan, que no sabía lo que era un beso, inclinó mi cuerpo hacia él y selló su mejilla (fría y suave a la vez) con mis labios. Tal vez, como no quería crecer, temió acariciarle aún los labios. El otoño fue testigo de aquello, incluso tal vez llegó a llorar, pues las estrellas empezaban a ponerse.
-¡Pero eso no es un beso!
El Principito arrebató a Pan el control de mi cuerpo y guió mis labios hacia los suyos, depositando en ellos cariño y ternura, estudiando sus comisuras con cada beso y bebiendo de él. El Niño Perdido y el Principito saltaron de ilusión en mi interior, pude notarlo cuando mi cuerpo se estremecía; desde entonces, cada vez que este sentimiento me invade recuerdo el sabor de sus labios. ¿Y sabéis qué? Sabían a azúcar.
La noche abrió tanto los ojos que hasta la mismísima luna salió al balcón para presenciar aquella escena tan tierna. Un beso tras otro. Solo deseaba que el autobús que se lo llevaría no llegase nunca y que el frío otoño congelará el tiempo de nuevo para disfrutar más de la Belleza Imperfecta. Solo un poco más, por favor...
Acabé emborrachándome de él, con resacas en mis pensamientos en las que la Belleza Imperfecta era el protagonista. No había cura: solo quería volver a besarle. Mientras tanto, el Principito y Peter Pan habían organizado una fiesta en el asteroide B-612 y el País de Nunca Jamás con su flor y su cordero y los demás Niños Perdidos.
Aunque tengo la certeza de que algún día volveremos a encontrarnos.
Esto es para ti, que te fuiste tan pronto como llegaste. Ojalá me hubieras dado la oportunidad de conocernos. Ojalá nos hubiésemos enamorado, ¿no?
Acabé emborrachándome de él, con resacas en mis pensamientos en las que la Belleza Imperfecta era el protagonista. No había cura: solo quería volver a besarle. Mientras tanto, el Principito y Peter Pan habían organizado una fiesta en el asteroide B-612 y el País de Nunca Jamás con su flor y su cordero y los demás Niños Perdidos.
Pero el Demonio, antes de descender al Infierno,
fue un Ángel.
El Principito olvidó proteger a la rosa del cordero y este la devoró, de la misma manera que Pan y los Niños no escucharon el tic tac del reloj.
Días más tarde, el veneno de esos falsos besos llegó a mi corazón y lo hizo estallar. Desde luego no de la misma manera que lo haría un gran desamor, pero lo rompió, al fin y al cabo. Sin embargo..., ¿os cuento una cosa? Mis Ángeles Custodios ayudaron a Peter Pan a recuperar las piezas del corazón roto mientras el Principito se encargaba de embotellar el sabor de la ilusión en un frasquito que me serviría para sobrevivir a la realidad y curar las heridas.
-Está roto por completo -lamentó Peter Pan.
-No te preocupes, Niño Perdido. Reconstrúyelo recordando por qué se ha roto
y así será más fuerte.
Pienso que el corazón es muy etéreo ante cualquier mirada. Que todo el mundo, en mayor o menor medida, puede ver su interior. Algunos son más transparentes que otros, pero jamás te encontrarás un corazón opaco porque todo el mundo debe expresar sus sentimientos alguna vez. La diferencia está en los fragmentos en los que se puede romper. Cuantos más trozos rotos haya, más difícil y doloroso será recomponerlo. ¿Queréis saber por qué? Porque cada pieza contiene un recuerdo. Por suerte, la Belleza Imperfecta solo fragmentó el mío en tres trozos (que no son muchos, pero tampoco son pocos): el primero de ellos contenía su rostro, la primera vez que pude verle con mis propios ojos y corroborar lo hermoso que era; y el segundo, la tarde que pasamos en Madrid y los relatos que compartimos con el otoño. El último de ellos, tal vez el más grande y delicado de los tres, contenía el beso que le robé y el sabor azucarado de la ilusión y de sus labios.
Desde ese día, el Principito (a veces con ayuda de Peter Pan) se encarga de embotellar el sabor de los sentimientos en forma de polvos mágicos para que, en caso de emergencia, pueda respirarlos y sobrevivir a este cruel mundo. Son dádivas. ¿Queréis ver su regalo? Solo tenéis que guardarme el secreto, o el mundo se enfadará conmigo. No se lo digáis a nadie. Mirad:
Es precioso, ¿verdad?
Todos ellos, incluso el odio o la tristeza, que ya os enseñaré en otra ocasión, son curas para los momentos más oscuros de nuestra vida y que calman nuestro dolor. Así, la Belleza Imperfecta fue convirtiéndose en un encuentro fortuito entre dos personas equivocadas que se cruzaron por casualidad. Lo mejor de todo es que
Desde ese día, el Principito (a veces con ayuda de Peter Pan) se encarga de embotellar el sabor de los sentimientos en forma de polvos mágicos para que, en caso de emergencia, pueda respirarlos y sobrevivir a este cruel mundo. Son dádivas. ¿Queréis ver su regalo? Solo tenéis que guardarme el secreto, o el mundo se enfadará conmigo. No se lo digáis a nadie. Mirad:
Es precioso, ¿verdad?
Todos ellos, incluso el odio o la tristeza, que ya os enseñaré en otra ocasión, son curas para los momentos más oscuros de nuestra vida y que calman nuestro dolor. Así, la Belleza Imperfecta fue convirtiéndose en un encuentro fortuito entre dos personas equivocadas que se cruzaron por casualidad. Lo mejor de todo es que
no me arrepiento.
Aunque tengo la certeza de que algún día volveremos a encontrarnos.
Esto es para ti, que te fuiste tan pronto como llegaste. Ojalá me hubieras dado la oportunidad de conocernos. Ojalá nos hubiésemos enamorado, ¿no?
Por si lees esto: espero que estés siendo feliz. Yo lo soy. Confío que tú también te acuerdes de aquella tarde de la misma manera que yo, N. Te recuerda y no te olvida,
-Principito.
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