El Chico de la Línea 11
Puer, -i: chico, joven, niño.
Linea, -ae: línea.
Undecim: once.
Puer Lineae Undecim: El Chico de la Línea 11.
El Chico de la Línea 11 siempre coge el tren a las 7:21 a.m.
Qué casualidad. A la misma hora que yo y en la misma estación: Plaza Elíptica.
El Principito ya te ha visto y ha sacado su silla para ver salir el sol con su rosa y su cordero.
El Principito ya te ha visto y ha sacado su silla para ver salir el sol con su rosa y su cordero.
Sin que lo sepas, no te quito la mirada, y es que me cuesta no hacerlo. Brillas frente a mis ojos por tu infinita belleza, y más aún cuando pasas por delante de mí y me permites oler tu fantástica colonia.
Dime: ¿es One Million? Porque huele mucho a ti. Me has drogado para todo el día, sé consciente de ello. Los días empiezan mejor cuando llego y veo que no has perdido el reloj entre las estaciones. Dime:
Dime: ¿es One Million? Porque huele mucho a ti. Me has drogado para todo el día, sé consciente de ello. Los días empiezan mejor cuando llego y veo que no has perdido el reloj entre las estaciones. Dime:
¿Eres un ángel?
Mira: ahí viene el tren.
Soy capaz de desplazarme hasta la misma puerta que tú solo para verte mejor. Pero tranquilo, que no muerdo. Tú no te percatas de que me pongo a tu izquierda y espero contigo a que la gente desaloje el vagón y podamos entrar juntos. Y es siempre a la izquierda, ¿sabes por qué?
Porque no quiero que nuestros corazones
se conozcan nunca.
Ponemos el pie dentro y abandonamos el andén. Tú te sientas al lado de la puerta, yo frente a ti para poder contemplarte mejor. Casi inmediatamente, te pones los cascos y abandonas este mundo para sumergirte en tu ruidosa pero agradable música. Enciendes el móvil en busca de nada, porque allí no hay cobertura. El tren ya ha arrancado, y es entonces cuando me doy cuenta de todos tus detalles vergonzosos que intentas ocultar hasta tu estación y que me encantan.
El Chico de la Línea 11 tiene una cara preciosa, una mandíbula bien encajada con su sonrisa y unos ojos hundidos en su ilimitado mar de color verde con sendas marrones. Posees una pequeña mancha marrón en el iris de tu ojo izquierdo que me encanta, aunque tú intentes ocultarlo y pienses que es una desgracia. ¿Perdona? Es lo más precioso de tu pulcro y valiente rostro. O no.
Son preciosas esas perlas que llevas, y estoy seguro de que algún día correré el riesgo de hundirme en las olas de tus ojos, a salvo de un naufragio incierto, sin tocar tierra en el agua y escuchando los violines del Titanic que anuncian la caída. Aviso para los navegantes: no hay regreso desde el desastre.
El Chico de la Línea 11 lleva unas zapatillas muy descaradas. Son rojas y tiene los cordones blancos y sucios de la vida que recorre con ellas y las aventuras que vive seguro (ojalá fueran conmigo); es muy descuidado y no se preocupa por eso, lo cual me encanta. No pone All Stars, ni Mustang, ni Vans ni mierdas capitalistas como esas. Entonces comprendo por qué son rojas y hace que le admire aún más.
No soy capaz de elegir
qué es lo que más me gusta de ti.
Son preciosas esas perlas que llevas, y estoy seguro de que algún día correré el riesgo de hundirme en las olas de tus ojos, a salvo de un naufragio incierto, sin tocar tierra en el agua y escuchando los violines del Titanic que anuncian la caída. Aviso para los navegantes: no hay regreso desde el desastre.
El Chico de la Línea 11 lleva unas zapatillas muy descaradas. Son rojas y tiene los cordones blancos y sucios de la vida que recorre con ellas y las aventuras que vive seguro (ojalá fueran conmigo); es muy descuidado y no se preocupa por eso, lo cual me encanta. No pone All Stars, ni Mustang, ni Vans ni mierdas capitalistas como esas. Entonces comprendo por qué son rojas y hace que le admire aún más.
Empiezas a morderte las uñas nervioso. Miras a tu alrededor en busca de alguien que te devuelva la mirada, y ojalá fuese yo esa persona algún día, pero recordemos el aviso para navegantes del Principito. Te das cuenta de que has vuelto a caer en la seducción del vicio y dejas de morderte las uñas. Ya no estás nervioso. Ahora puedo volver a mirarte.
Qué hermoso eres, joder.
Te tocas el pelo hasta maleducarlo, dejando en tu cabeza una guerra en la que tu mechón más claro gana por goleada, y eso que no me gusta el fútbol. El cabello castaño restante admite su derrota y se esconde bajo el gorro que llevas, rojo como tus zapatillas
Y de repente..., sonríes. Pero ¿sabes lo mejor de todo?
Y de repente..., sonríes. Pero ¿sabes lo mejor de todo?
Has despertado a Peter Pan
y a todo el País de Nunca Jamás.
Solo con verte sonreír. Únicamente eso.
Después llega el momento en el que el Chico de la Línea 11 se ríe descuidadamente y me atrapa más todavía. Por favor, vuelve a hacerlo. Quiero escucharte una vez más. Ansío escuchar el destello que escapa de tu boca para refugiarse en mi recuerdo.
Próxima estación: San Francisco.
Por desgracia, lo escuchas; te quitas los auriculares y te preparas para salir de nuevo al mundo exterior. ¿Por qué no te quedas conmigo, aquí, hasta el final de la línea? Hasta el final de alguna parte. La realidad es muy cruel y yo me ofrezco a ti porque... eres genial. Pero no te decides y acabas marchándote hacia donde algún día me gustaría seguirte. No te preocupes porque sobreviviré hasta mañana; ¿te digo por qué? Porque...
Me dejas la estela del olor
de saber que mañana te volveré a ver.
Y así, tu cruzas a la otra vía y yo sigo hacia delante.
Es una lástima: el Principito se ha levantado de su silla y Peter Pan se ha ido a dormir de nuevo. Porque ya te has ido. Adiós. Adiós para los días soberbios.
Hasta mañana, Chico de la Línea 11.
-Principito.
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