El Ignorante, el Pesimista y el Sabio
Érase una vez la historia de tres hermanos.
El más pequeño era el más avaricioso de los tres, el más egoísta. Únicamente creía en aquello que podía constatar con sus propios ojos, que la maravillosa realidad que se ponía ante él era verdad porque ¿qué otra mentira puede haber mejor que aquella? Pensaba que su mundo estaba colmado de soles y lunas que bailaban borrachos sobre los tres hermanos, que la naturaleza hablaba con él y el cielo nunca se ponía triste. Aferrado a una simple y llana mentira, jamás quiso descubrir la realidad que les envolvía a los tres. Confiaba en que su verdad era universal y solo él podía llevar la razón, que era demasiado inútil creer que hay lugares mejor que aquel. Jamás leyó un libro. Nunca adivinó lo que las historias esconden y las realidades que albergan en cada página, lo que susurran las palabras y las tragedias que protegen. Así, solo podía mirar al engañoso muro que estaba frente a él sin poder observar qué se escondía tras su verdad
El más pequeño era el más avaricioso de los tres, el más egoísta. Únicamente creía en aquello que podía constatar con sus propios ojos, que la maravillosa realidad que se ponía ante él era verdad porque ¿qué otra mentira puede haber mejor que aquella? Pensaba que su mundo estaba colmado de soles y lunas que bailaban borrachos sobre los tres hermanos, que la naturaleza hablaba con él y el cielo nunca se ponía triste. Aferrado a una simple y llana mentira, jamás quiso descubrir la realidad que les envolvía a los tres. Confiaba en que su verdad era universal y solo él podía llevar la razón, que era demasiado inútil creer que hay lugares mejor que aquel. Jamás leyó un libro. Nunca adivinó lo que las historias esconden y las realidades que albergan en cada página, lo que susurran las palabras y las tragedias que protegen. Así, solo podía mirar al engañoso muro que estaba frente a él sin poder observar qué se escondía tras su verdad
porque nunca tuvo
los libros a sus pies.
Se llamaba Ignorante.
El mediano, por contra, se interesaba más por las mentiras trascendentales que podían vivir al otro lado de la realidad ideal. Pensaba que había algo más que aquello, que no lo era todo. Sus cálculos siempre fueron incorrectos, sus ideas quedaban aplastadas por los demás habitantes y nunca podía pronunciarse por si le acusaban de hereje. Sin embargo, jamás se dio por vencido.
A diferencia de su hermano pequeño, él se emborrachaba de literatura, bebía de las letras y de las palabras de la única manera que lo puede hacer un alcohólico:
Sin frenos y siempre
hacia delante.
A través de los libros fue haciendo una escalera que crecía frente a la verdad del Ignorante y empezó a ver unos días más tristes que otros. Las estrellas escondían la vista en la oscuridad del universo muy de vez en cuando, y el sol y la luna empezaban a odiarse. ¿Qué estaba pasando?
La escalera de conocimientos siguió aumentando y el hermano mediano logró ver la mentira que les habían estado ocultando tras el fatídico muro que había ante todos ellos: la verdadera realidad, llena de corrupción, egoísmo, violencia y guerras. ¿Por qué pasaba aquello? Nunca lo supo. ¿Por qué la muerte y la desgracia jugaban a perseguirse? Prefería no descubrirlo.
Había acumulado cientos de libros bajo sus pies, sí, de eso no cabe duda alguna. Pero el terror que había visto con sus propios ojos se grabó a fuego en su mente. El odio, la venganza y la sed de sangre eran los olores que captaba desde entonces, y jamás se irían. Ahora vagaba triste y con desgana al descubrir lo que había tras la verdad en la que creía su hermano pequeño. Pensó que aquello no tenía solución, que la violencia acabaría con todo aquello y la corrupción y el engaño devoraría las mentes de las personas de la misma manera que lo había hecho con su hermano pequeño.
Y cometió el error
de dejar de leer.
Se llamaba Pesimista.
El mayor de los tres siguió los pasos de su hermano mediano. Siempre pasaba los días en ese lugar tan mágico y vivo llamado "Librería", consultando cuadernos de historias fantásticas, realistas, de amores y tragedias...; leyó tanto como el anterior y fue acumulando más libros bajo sus pies, de la misma manera que lo hizo su hermano. Descubrió la misma mentira con desánimo, pero no se rindió. Él pensaba igual que el Pesimista, pero a mayor escala; decidió leer más y aumentar la escalera que lo llevaría al paraíso, a uno de verdad. Sin mentiras ni engaños. Confiaba de verdad que aquello no era correcto, que debía de existir un lugar de paz y costumbres alejado de aquella falacia y ese horrible muro que nos ciega a todos.
Acumuló libros de filosofía bajo sus pies, de política y economía también. Se adentró en la madriguera del conejo blanco y viajó por los clásicos que representaban la realidad de entonces...
Acumuló libros de filosofía bajo sus pies, de política y economía también. Se adentró en la madriguera del conejo blanco y viajó por los clásicos que representaban la realidad de entonces...
En busca de ese paraíso.
Así, cuando su escalera de cuadernos de tapas blandas e historias innatas superaba a la del Pesimista, pudo entender que los días tristes existían porque hasta el mismo cielo merece un rato para llorar y gente que recoja sus lágrimas; que las estrellas no escondían la vista, sino que se iban a dormir con la brillante luna para dejarnos a solas con el sol, que no odiaba al satélite, pues estaba celoso de que ella pasase más tiempo con otras estrellas.
Pero lo que el Sol no sabe
es que la Luna le ama más que a las otras
porque ninguna es tan grande ni brilla igual que él.
Se llamaba Sabio.
Y conquistó el paraíso y las estrellas.
-Principito.
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