Todo lo que arde, se consume
23.3.17;
Aquello que ardía se ha congelado. Consumido por completo.
El mundo gira a tu alrededor y sigue su curso, pero no participas en él. Tú solo giras lentamente y de una manera silenciosa, sin interrumpir a los demás por miedo a molestar. Sientes que no pasa el tiempo, no logras distinguir los días y pierdes las ganas de mover si quiera los ojos porque no te interesa nada de lo que sucede.
Es como si alguien hubiera arrancado las manecillas de tu reloj y de repente te hubieras quedado parado en un mismo sitio.
Aquello que ardía se ha congelado. Consumido por completo.
El mundo gira a tu alrededor y sigue su curso, pero no participas en él. Tú solo giras lentamente y de una manera silenciosa, sin interrumpir a los demás por miedo a molestar. Sientes que no pasa el tiempo, no logras distinguir los días y pierdes las ganas de mover si quiera los ojos porque no te interesa nada de lo que sucede.
Es como si alguien hubiera arrancado las manecillas de tu reloj y de repente te hubieras quedado parado en un mismo sitio.
Todo va muy despacio... Todo está callado y no escuchas a nadie. Ni si quiera a tu cabeza.
Está vacía, como todo tu interior.
No te salen las palabras. Tampoco reaccionas. Te quedas quieto viendo cómo los demás siguen haciendo sus vidas. Pero tú estás parado en esa velocidad que parece estar pausada.
No hablas con nadie porque crees que no hay ninguna persona que pueda aportarte lo que necesitas. No existe un remedio que puedan utilizar para retroceder en el tiempo y deshacer la causa de todo esto.
Tan solo buscas tu mejor máscara, la más convincente, y te la pones para no defraudar a los demás. Para no preocuparles. Para no fallarles. Para hacerles creer que estás un poco mejor, que vuelves a tu normalidad, solo porque no quieres arrastrarles a tu bucle.
Tan solo buscas tu mejor máscara, la más convincente, y te la pones para no defraudar a los demás. Para no preocuparles. Para no fallarles. Para hacerles creer que estás un poco mejor, que vuelves a tu normalidad, solo porque no quieres arrastrarles a tu bucle.
No quieres ser el centro de atención.
Tan solo quieres encerrarte en tu vacío interior, llenarlo con tu presencia, oír solo tu respiración, o ni eso... Y es que en ese lugar se está más cómodo que allí fuera porque nadie te interrumpe. Ni pregunta. No tienes que fingir estar bien ni utilizar máscaras. Eso... es tu verdadero placer en ese momento. La soledad que se produce en ese momento es lo único que consigue tranquilizarte y poner tu mente vacía en orden, colocando cada recuerdo en un sitio digno de él y merecedor, evitando cuestiones que arañen más aquello que está destrozado por completo, evadiendo el teatro que armas para parecer normal, para ser como los demás son..., porque así está bien, así es lo correcto. Así es como funcionan las personas felices.
La diferencia es que tú no estás feliz. Tampoco triste.
No hay ninguna emoción en ti.
La diferencia es que tú no estás feliz. Tampoco triste.
No hay ninguna emoción en ti.
Poco a poco, todo deja de cobrar sentido.
Las cosas que antes te hacían feliz se vuelven insignificantes y carecen de la emoción que transmitían. Empiezas a ignorarlas y no queda nada que te aporte esa felicidad. Incluso las cosas más pequeñas comienzan también a derrumbarte. No hay nada que siga su curso...
Las cosas que antes te hacían feliz se vuelven insignificantes y carecen de la emoción que transmitían. Empiezas a ignorarlas y no queda nada que te aporte esa felicidad. Incluso las cosas más pequeñas comienzan también a derrumbarte. No hay nada que siga su curso...
Luego comienzas a perder las ganas. Ya nada te motiva.
Quien solías ser comienza a desaparecer y te acabas transformando en una cáscara vacía.
Antes te gustaba vestirte, aunque fuera con la ropa más simple, y te apetecía mirarte al espejo. Adorabas leer, escuchar música, ver series o películas; escribir era tu refugio. Te tranquilizaba el orden de tu habitación y deseabas que siempre estuviera limpia. Te esforzabas, con ganas, en los temas de la Universidad. No perdías ni un solo segundo en salir con tus amigos y amigas. Amabas los días de plata. Amabas a la gente y querías rodearte de ella.
Antes...
Ahora tu zona de confort está vacía y... ¿para qué vas a vestirte, si todo es una rutina y a nadie le importa como vayas? No te miras al espejo porque ya no te interesa lo que ves, no quieres observarte, no quieres reconocer en lo que te has convertido. Sientes que pierdes el tiempo leyendo o descubriendo personajes porque ninguno es capaz de llegar a ti. O tal vez sí, pero no quieres que ninguno lo haga: no deseas que entren en tu vacío interior, ni pregunten ni se esfuercen por comprenderte. Apartas los estudios porque miras los cuadernos como un trámite más en tu vida, y no quieres más papeleo: solo silencio, la cabeza vacía. Empiezas a ignorar a tu entorno casi por completo. Los días de plata dejan de existir y pasan a ser días de lluvia corrientes y molientes. Escribir se convierte en una desmotivación. Y ni si quiera sé si esto está bien...
Nada te alegra.
Suceden cosas extraordinarias y no te asombras.
Nunca nieva donde vives, y siempre lo has deseado. Pero un día, sucede que caen copos de nieve y la gente se altera de ilusión y alegría... y a ti te da igual. No lo ves como algo bonito, ni tampoco como un espectáculo. Simplemente te da igual y lo observas con indiferencia... Algo más.
Es entonces cuando también empieza a nevar en tu vacío. Solo que allí no hay nadie que se sorprenda, pese a no haber ocurrido nunca. No hay nadie compartiendo su alegría ni gente inmortalizando ese instante. Solo estás tú, mirando a un punto fijo mientras esperas a que las manecillas de tu reloj vuelvan a funcionar, pero esperando también que nadie entre para arreglarlas.
No son copos de nieve lo que cae, sino recuerdos. Cristales de tu corazón roto cargados de escenas felices. Qué paradójico que sean momentos felices los que nos vuelven tristes, ¿no?
De repente, te das cuenta de que la ausencia de tu vacío es un espejo, y entonces miras en él. Y descubres con horror que no le importas a quien vació tu cáscara... o eso parece.
Por ti ha pasado una bruma que ha robado todo lo que era tuyo; mientras, la otra persona al otro lado del espejo parece seguir sin apenas preguntarse cómo estará tu caparazón, cómo estarás tú. Comienzas a decepcionarte, si es que cabe en tu vacío, y te cuestionas si cada palabra o momento fue verdadero, real. Porque no comprendes que tras un te quiero aparezca una bruma que detenga tu tiempo y se lleve tus emociones y sentimientos.
No crees en nada y lo único que comienza a florecer en tu cabeza es un "¿por qué?" que se repite constantemente, esperando alguna respuesta lógica o racional. Pero no la encuentras... porque no hay.
Lo más triste es comenzar a creer que no eras importante para la persona a la que querías, y sigues queriendo.
Echas de menos correr el tiempo. Disfrutarlo.
Echas de menos poder sentir algo, aunque solo fuera tristeza. Pero ni fuerzas te quedan para ello.
Echas de menos aquello que solías tener antes, pero que de repente se ha esfumado. Ni si quiera dije adiós... Ni si quiera dije algo.
Echas de menos...
Antes mi corazón latía tan deprisa que era capaz de acogerme en su calor. Ahora no late porque él también ha perdido las ganas.
Entonces, por primera vez, conozco el frío de cara y me congelo en mi propio interior sin intención de salir nunca más.
Última línea juntos.
Verso acabado. Punto.
Entonces, por primera vez, conozco el frío de cara y me congelo en mi propio interior sin intención de salir nunca más.
Última línea juntos.
Verso acabado. Punto.
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