Baladas a la Luz de la Luna Llena

Ya no queda nadie a quien abrazar excepto al frío. Me encuentro solo en las noches de invierno y me pregunto si el cielo dejará caer sus hermosas lentejuelas y si las estrellas caerán en forma de nieve.
Ver nevados todos mis recuerdos, vestidos de blanco, el color de la pureza.
Pero pasa el tiempo y no nieva, y los recuerdos jamás se verán de blanco ni se congelarán en el tiempo. En vez de eso, la noche decide llorar por el mismo viejo desamor de todas las galas. Todas las noches, por cada estrella, se celebra una puesta de largo. Algunas tienden a enamorarse; otras, en cambio, solo lloran cuando descubren que otra estrella es imposible.
Entonces allí estoy: contemplando a la luna brillar. Ella parece ser la matriarca de todas ellas, quien las custodia como si fuera el mayor tesoro del universo. ¿Será así?
Ella es quien proyecta una realidad más infantil de mí. Me asomo en los reflejos de los charcos y no encuentro el mismo rostro que acostumbro a ver: veo unos ojos verdes azulados más relucientes que antaño e igual de redondos. El pelo está ordenado, y sigue siendo tan negro como el tiempo ha permitido serlo. La cara parece la de un niño; es la de un niño. Y su corazón, tan transparente y frágil como el cristal, no ha conocido todavía una rosa con la que cortarse ni ha conocido el sabor de los recuerdos de lo que un día fue un sincero te quiero. No hay nada que pueda herirlo, nunca ha escuchado a su corazón llorar, ni si quiera tiene miedo. Tampoco conoce el sentido de los días de plata ni sabe quién es realmente.
¿Cuándo perderá esa inocencia?
Porque quisiera evitarlo…
Esa misma figura se acerca a mí a lo largo del paseo, que se me antoja sobre el Puente de Londres. Las lágrimas de las estrellas rotas decoran la noche mientras ese niño, quien antes era yo, se acerca a mí tarareando un mismo ritmo melodioso. La luna lo envuelve todo en una película vieja de blanco y negro y me viste para una puesta de largo, mientras la lluvia se encarga de convertir a mi infancia caminante en la figura que más amo, en el rostro más bello, en el abrazado más caluroso y en el beso más lento; también está preparado para la puesta de largo. Y se enfrenta a mí. Me acaricia la mano, suave y ligera, y me engancho a su cuello de la forma en que solo los enamorados saben hacer.
Ahora siento que me falta el aire. No lo encuentro. Solo veo nubes efímeras que se marchan con el recuerdo de tu sonrisa, el sonido de tu carcajada y la suavidad de tus labios. Ayúdame a respirar... No quiero morir ahogado en mis propios sentimientos. No quiero estar solo...

Bajo nosotros el río ruge feroz la balada de aquella noche. Lenta, armoniosa, al paso de nuestros corazones agotados. La luz de la luna sigue nuestros pasos y cantamos juntos la misma canción que escuchamos por última vez, esa que una vez te enseñé y que tanto te encantó. Tan bonita… pero de tan bonita, triste.

Esta historia termino, no existe
Lo que un día construimos se ha esfumado
Pareciera que es más fácil dejarnos
Pero eres un fantasma conmigo caminando

No creas que no valió la pena
No creas que no eres importante
Al contrario, yo te amé con toda el alma

No creas que no valió la pena
No creas que lo perdimos
Esto que nos duele, aunque nos duele, es sólo nuestro

Lo que construimos se acabó
Lo que construimos se acabó
Fue sólo nuestro
Fue sólo nuestro

Lo que construimos se acabó
Lo que construimos se acabó
Se lo lleva el viento
Se lo lleva el viento

Esta historia termino, no existe
Lo que un día construimos se ha esfumado
Pareciera que es más fácil dejarnos
Pero eres un fantasma conmigo caminando

Yo no aprendí a soltar amores
Yo no aprendí a dejarte ir
Eras una apuesta de largo plazo
Lo que construimos...
Lo que construimos...

Lo que construimos se acabó
Lo que construimos se acabó
Fue sólo nuestro
Fue sólo nuestro

Lo que construimos se acabó
Lo que construimos se acabó
Se lo lleva el viento
Se lo lleva el viento

Lo que construimos se acabó
Lo que construimos se acabó
Fue sólo nuestro
Fue sólo nuestro

Lo que construimos se acabó
Lo que construimos se acabó
Se lo lleva el viento
Se lo lleva el viento.
(Lo Que Construimos, Natalia Lafourcade).

La balada termina y descubro que te has marchado en mitad del baile. Me doy cuenta de que ya no estás, de que has sido solo un recuerdo de un amor que en su momento apuñaló mi corazón. Cuento nuestra historia a la noche, a la matriarca del cielo nocturno, y ésta deja caer la nieve cuando terminó de escuchar la tragedia. 

Recuerdo nuestra historia como el más hermoso de los capítulos de mi vida. Te sigo llevando en mi mente, en mi corazón y en mis ojos. Porque para mí siempre serás todas esas fantasías que conseguí cumplir a tu lado. Quien me hizo sentir amado, especial. Alguien. Me descubriste un mundo a tu lado y hablaste con una parte de mí que había callado cuando se arrinconó en la más silenciosa soledad. 
No podré olvidarte nunca.
Siempre habrá una cicatriz, un recuerdo, que lleve tu firma.
Canciones que lleven nuestro nombre, lugares que lleven nuestros besos, camas que recuerden el amor que emanábamos... Todo está lleno de nosotros. Hasta nuestro interior.

Sin embargo, sé que fui feliz contigo. Sé que me amaste, y que yo aún te sigo amando.
Pero entonces ¿por qué nos cuesta tan poco sufrir?

Supongo que es más fácil escribir sobre la tristeza porque nos alivia más descansar las palabras sobre lágrimas cargadas de baladas a la luz de la luna.


-Principito.

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